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La concepción tradicional de lo que se consideraba “educativo” en un programa infantil de TV ha sido definida en el pasado por los adultos y se asociaba al curriculum y contenidos de la Escuela: se consideraba “educativos y de calidad” aquellos programas dirigidos a que los niños mejoraran su rendimiento cognitivo escolar (apresto pre-escolar, leer, matemáticas, información científica, memoria histórica y folklórica, etc.), adquirieran ciertos hábitos sociales, y ciertos valores deseables.

Los contenidos formativos de muchos programas televisivos actuales (Dora la Exploradora, Handy Manny, Bob el Constructor, Doctora Juguetes, y otros) se relacionan con necesidades y motivaciones de tipo afectivo en el niño: el niño es representado en los programas como activo, solucionador de problemas, y ocurrente para resolver desafíos. El potencial formativo representado en los programas infantiles actuales se ha ido disociando de los contenidos cognitivos de la educación formal escolar (y por tanto formulados por un adulto como representación televisiva del “profesor”), y está asumiendo más bien la representación de aspectos sociales y afectivos encarnados en un personaje televisivo infantil, como protagonismo, la autoestima y la autoconfianza en sus propias capacidades internas para enfrentar los desafíos del crecimiento, y la superación de frustraciones y adversidades (“empowerment and resilience”).

En estos programas de entretención para el descanso sico-somático infantil, a través del placer humorístico del reconocimiento y de la identificación lúdica, el niño puede disfrutar/sentir afectivamente contenidos lúdicos formativos de actitudes de alegría y fuerza para crecer en el mundo. Esos programas de TV intentan, entonces, fortalecer precisamente áreas afectivas y actitudinales que son insuficientemente atendidas en la instrucción de la escuela. Esa especificidad actual autonomiza la influencia formativa de la TV con relación a las funciones propias de la enseñanza formal en la Escuela. El concepto de calidad formativa en estos programas actuales ya no está asociado al contenido escolar sino a las necesidades de crecimiento personal de la audiencia infantil.

Por Valerio Fuenzalida* para Latinlab

*Profesor-investigador de la Facultad de Comunicaciones  de  la  Pontificia  Universidad  Católica de Chile, en Santiago de Chile (vfuenzal@vtr.net)

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