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La infancia no es sólo un momento o período, no es una fase de transición hacia la vida adulta. La infancia es una forma de estar en el mundo, una relación particular con las cosas y con el mundo, con una intensidad y una fuerza especial. Es una oportunidad para pensar otros pensamientos, sentir otras sensaciones, escribir otras escrituras, hablar otras palabras, habitar otros mundos.

Existe una cantidad enorme de saberes sobre los niños y sobre la infancia que hacen suponer que todo lo podemos anticipar y que hay poco espacio para la sorpresa. Sin embargo,  pensar con los niños, pensar la infancia, dejarse pensar por los niños y por la infancia, implica desprenderse de lo que uno cree saber sobre los niños y las niñas.

Y ello implica provocar un acercamiento a la infancia, no como “objeto de estudio” sino desde la experiencia de “estar con ellos”, de ingresar a su mundo, a su tiempo, un tiempo que no es cuantificable.

Producir para los chicos no tiene tanto que ver con hacer un ejercicio de recordar como éramos nosotros cuando éramos chicos, o con intentar recuperar de algún modo ese tiempo. Tiene que ver con dejarse llevar por el ejercicio de mirar el mundo como si fuera la primera vez. Eso no implica intentar ser el niño que uno fue, sino permanecer como un niño en el mundo. Lo infantil, entonces es el ejercicio de abrir el mundo para descubrirlo por primera vez, de dejarse sorprender por objetos, situaciones, acontecimientos, relatos, historias.  Transformar la mirada, transformar la sensibilidad, abrirse a otra experiencia.

Si la infancia es una disposición y sensibilidad frente a la experiencia, estar dentro o fuera de la infancia no tiene que ver con cuantos años uno tiene. Como señala Walter Kohan, especialista en filosofía e infancia, es posible tener una experiencia de infancia fuera de la edad cronológica de los niños, como también es posible y de hecho lo es, que haya muchos niños que no tengan experiencia de infancia.

Por ello, acercarse al mundo infantil, no depende de la edad cronológica, depende del modo en que produzcamos ese acercamiento. Se trata de una oportunidad para pensar con los chicos de maneras más sensibles, más fieles a sus modos de ver y experimentar el mundo, que pueda estimular ideas y pensamientos como insumos para desarrollar contenidos audiovisuales.

Estar con ellos, jugar con ellos, dialogar con ellos, mirar con ellos puede ser una oportunidad para conocer cómo son, cómo ven el mundo, qué preguntas se hacen, cómo problematizan temas, qué sentido le dan a lo que hacen, dicen y piensan, cómo reflexionan frente a determinados temas o cosas.

Estas preguntas pueden transformarse en oportunidades para abrir nuevos sentidos y afectos en relación a los chicos y chicas entre quienes producimos contenidos de calidad para la infancia.

Por Cielo Salviolo

Para seguir leyendo:
Tiempos y cuerpos en el filosofar con la infancia  (HECKER, Arianne y María Silvia REBAGLIATI)

Filosofía e infancia: un nuevo mundo para habitar (LOPEZ, Ada Lis)

Entrevista a Walter Kohan: Infancia, emancipación y filosofía

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