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Celulares, Internet, videojuegos y televisión –y las posibilidades de interactividad en cada caso– brindan a los niños nuevas experiencias de lo cotidiano, espacios de visibilidad para la conformación de identidades, al tiempo que reconfiguran sus formas de sociabilidad.

Los medios son tecnologías de la representación, es decir que no sólo son proveedoras de información sino portadoras de imágenes, relatos y fantasías que operan sobre la imaginación, el intelecto y la sensibilidad[1]. Los nuevos medios, al ser maneras de representar al mundo y de comunicarse, son procesos sociales y culturales más que procesos técnicos.

El trabajo interactivo con sonidos, imágenes y texto escritos, y sus relaciones hipertextuales, complejizan la densidad simbólica con la abstracción numérica en los espacios digitales, reforzando el pasaje de lo sensorio motriz (revolución industrial, maquinaria, mercancía) a lo sensorio simbólico (producción, circulación y consumo de signos), en tanto “la numeralización digital hace posible la interacción entre la abstracción y lo sensible, reemplazando las fronteras entre ciencia y arte.  La simulación informática es a la vez experimentación científica y creación estética”[2].

Los cambios de la racionalidad basada en la escritura y discurso lógico y su transformación hacia un nuevo estatuto de la imagen y el mundo de los sonidos,  nos llevan a pensar nuevas relaciones entre lo sensible e inteligible. Así, los nuevos medios estarían habilitando la entrada del cuerpo y del alma del niño, sus sensibilidades, a través de sus experiencias digitales sonoras, visuales, musicales, narrativas o escriturales[3]. A su vez, las relaciones de cuerpo y movimiento son de especial interés para pensar proyectos interactivos de infancia, en tanto desplazamientos virtuales sin movimientos en el espacio físico.

Por otro lado, cuerpo, simulación y límite nos incitan a reflexionar acerca de las nociones de vacío, deseo e impulso generador. Pensamos el deseo como espacio de luchas, como campo psíquico en el que se oponen flujos imaginarios, ideológicos e intereses económicos.

En la virtualización de la aceleración absoluta, la presencia del cuerpo del otro se vuelve información. Cuerpos-signos interactúan en la red de flujos, en espacios desterritorializados y tiempos del aquí y ahora,  corriendo el riesgo de perder el pasado y el futuro a favor de una “presentificación”. Esta misma aceleración recorta los tiempos que serían necesarios para la elaboración racional de la información y la elaboración emocional de los estímulos que proceden del entorno[4].

Las posibilidades de elección se ven transformadas porque todo se desarrolla deprisa y la atención está saturada. La atención dispersa es una nueva forma de atención. Los automatismos técnicos, que ofrecen reacciones en lugar de elaboraciones, se vuelven independientes de la voluntad y de la acción humana.

La experiencia se modifica cuando es separada de la corporeidad táctil y afectiva para ser traslada a la esfera de la información visual y de la virtualidad. Las nuevas generaciones reciben las impresiones cognitivas primarias de máquinas, pero la transmisión del lenguaje ha tenido relación con la carnalidad. El acceso al lenguaje ha significado siempre acceso a la esfera de la socialidad. Lenguaje y socialidad han estado mediados por la afectividad, por la seguridad y el placer que proviene del cuerpo de la madre; pero el cuerpo de la madre ha sido sustraído y separado del cuerpo de las nuevas generaciones para insertarse en el circuito de producción de trabajo cognitivo global. En esta situación, emoción y palabra podrían tender a escindirse, y el deseo crecer en una esfera más separada de la verbalización y elaboración consciente y comunicable[5].

La reciente transformación tecnológica basada en el soporte numérico modifica las formas de concebir lo real. Los cuerpos habitan el espacio de red como signos, sin necesidad de un referente real. Sin embargo, los cuerpos siguen demandando experiencias sensibles para la emancipación[6].

Momentos de interrupción para la elaboración, para el goce de lo sensible, para la ensoñación, la invención y la inspiración, constituyen el fare niente necesario de estos tiempos que corren.

Carolina Di Palma


[1] Buckhinham, David; Mas allá de la tecnología, aprendizaje infantil en la era de la cultura digital, Manantial, Buenos Aires, 2008.

[2] Martin Barbero, Jesús; Cuando la tecnología deja de ser una ayuda didáctica para convertirse en mediación cultural, Revista electrónica Teoría de la Educación, Universidad Javariana de Bogota, 2009.

[3] Martin Barbero, Jesús; ibíd.

[4] Berardi, Franco; Mediamutación, en Generación Post Alfa, Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo 1a ed. – Buenos Aires, Tinta Limón, 2007.

[5] Berardi, Franco, Generación Post Alfa, Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo 1a ed. – Buenos Aires, Tinta Limón, 2007.

[6] Ranciere, Jaques; El espectador emancipado, Buenos Aires, Bordes/Manantial, 2010.

Foto: http://hipnosia.wordpress.com

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